La rutina de la semana se convierte en
asociación de causa efecto, en risas a medias y cigarros
compartidos. Se acaba el camino y da vértigo, cae la última gota y
provoca repelús, como si nunca antes hubiera pasado. Cada día un
problema o cada problema un día. A veces el orden altera el producto
o es que simplemente nunca lo enfocamos bien. Nos falla la luz, los
actores y la mayoría de los episodios de la serie. Nos arrinconamos
en lo indefendible, a capa y espada defendimos una verdad que sabemos
que es mentira pero aun así nos la creemos. Andamos sonámbulos por
la vida, con el piloto automático puesto y recibiendo las noticias
en diferido. Ajenos a que los cambios son bruscos y nunca se esta
preparado. Ausentes del mañana porque el hoy ya es sumamente
complicado. Luego se nos hunden las ganas en el café y las
decisiones se mezclan con el azúcar. No todo es blanco ni negro,
azul o verde, la gama de colores es infinita, las excusas
interminables y el pensar que todo puede acabar mañana
verdaderamente apetecible.
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