Comprimimos la memoria en gigabites
para poder acceder a ella cuando sea necesario. Desarrollamos las
acciones sin pensar como autómatas hechos por un carpintero.
Andamos, respiramos y somos humanos. La realidad se deforma y
transforma a cada decisión. Como alquimistas en busca de oro
mezclamos sensaciones, momentos y penas para conseguir la pócima.
Sin seguro de vida ni paracaídas nos lanzamos al vacío y siempre
nos come esa sensación de haber cometido el error. Sedamos la razón
con todo tipo de drogas convenciéndonos de que el camino es el
correcto aunque ya ni sepamos en que estamos metidos. Pararse es
morir, pensar es mirar atrás y mirarte es lo más parecido a
sentirme mal que conozco.
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