Me asomo a la ventana deseando ver cómo se va derrumbando la
realidad. Esperando a que caigan los colores, se evaporen los contornos y se
diluya el panorama. Contemplo relajado los cascotes por lo que queda de suelo
mientras los últimos creyentes apelan a su dios. Corren, gritan, rompen, roban,
saquean. El caos, simple y puro, tiene algo de orden.
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