martes, 22 de abril de 2014

Costeña

Me levanto del sillón, abro la vitrina, saco la cinta y comienzo a rebobinarla. Introduzco el lápiz por el círculo y empiezo a girar. Siempre se me para en los mismos trozos de película. Observo los fotogramas con una sensación indescriptible, con esos gestos que no tienen nombre. Me devora la desidia, me parte y me engulle. Como flashes aparecen las imágenes porque lo demás no lo recuerdo. Un poco de olor por allí, algo de sabor por aquí y las sonrisas besándome la razón. Ese es el momento en que la depresión me pega en la puerta y se sienta a tomar café con mi agonía. Luego no me queda más remedio que echar todo al fuego, aunque nunca soy capaz de tirarlo del todo. Por suerte, lo rescató antes de que se extingan. Sigue rebobinando. 

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