Manejamos la verdad y la mentira a nuestro puro interés.
Tocamos la tecla que nos beneficia en ese momento totalmente justo. Nadie se
imagina que lo hacemos, sabemos adornarlo con las palabras precisas, pero aun
así seguimos actuando. Somos algo independiente a todo, siempre me cuesta
explicarlo, intentamos beneficiarnos de las desgracia ajena. La gente común nos
llaman lobbys, nosotros preferimos llamarnos los amos del mundo.
sábado, 11 de enero de 2014
No te iras hoy.
Fue una verdadera suerte encontrare en mitad de la calle con
aquella lluvia. Con la ropa chorreando y tus pestañas goteando lo último que te
quedaba de rímel. Estabas tan hundida que ni te percataste de que estaba delante
de ti, mirando tan extraño aquel acontecimiento, donde el entorno hacia que
pareciese alguna película de esas románticas. La diferencia con aquello es que
yo no estaba allí para arroparte y prestarte mi abrigo, ni se me paso por la
cabeza ofrecerte el paraguas.
Lo único que te despertó de aquel letargo fueron las luces
deslumbrantes de aquellos coches que pasaban furiosos a tu lado. Estuve
considerando si ir a levantarte para que me gritaras y me culparas de la
responsabilidad que era tuya. Si acercarme y tenderte la mano y así pudieras
desahogar todo la rabia que me tenías e incluso me escupieras a la cara. Que me
recriminaras los besos que no te di las tardes del verano anterior y me
crucificaras para siempre por ser el que tiró la toalla en medio de ese caos
que llamábamos relación.
Y ahora te veo marchar en medio de la calle desierta cubierta
de residuos de agua. Miro como caminan tus piernas y no se mueven mis ojos de
tu culo. No sé porque no me atreví, porque no te recogí cuando pude y no te di
la satisfacción que merecías. Al fin y al cabo tenías razón cuando me decías
que lo que nos unía un día nos separaría.
Vida hipotecada.
Nunca le gustaba decir adiós. Pensaba que los adiós son para
siempre y le daba miedo pensar en decir adiós a la persona equivocada por eso
siempre se despedía con un hasta luego. Era algo extraño trabajaba para vivir y
la vez vivía para trabajar. Le tenía verdadera dedicación a su trabajo. Sus
amigos veían como se le iluminaba la cara delante de ese folio en blanco,
adoraba escribir, era algo así como la liberación de sus ideas.
Una vez se enamoró y algo cambio. Ya no tenía devoción por
su trabajo y mucho menos por aquel folio. Perdió el hábito de devorar los
libros y cambio los ratos de reflexión a solas por cuatro renglones torcidos. Por
un momento su concepción del mundo cambio y la liberación se convirtió en una
forma de esclavitud.
Cuando se desenamoro lo perdió todo. Su arte y su amor.
viernes, 10 de enero de 2014
No se si gane o perdí la partida
Me llenaba tanto respirar que nunca me pare a pensar que
cada inhalación me restaba un poco de vida. Cuando exhalaba tenía la sensación de
que me desprendía por uno segundos de mí mismo. Suerte que es un proceso automático.
Algo parecido sucedía con tu recuerdo. Me reconfortaba tanto
pensarte que nunca termine de ser consciente de que ya no estabas. Cuando lo
fui ya era demasiado tarde para darte los buenos días, para preparar café y
desayunar con el sol.
Ahora aprecio cada sorbo de aire y cada detalle de recuerdo.
Me apena saber que quedan pocos o que os que quedan nunca serán iguales.
martes, 7 de enero de 2014
Tarde
Se está haciendo tan tarde que luego será casi imposible
volver. Apunto de cerrar, si es que no cerró ya, y yo sigo aquí emborrachándome.
Pasan todas las horas del reloj, los días del calendario y los meses de años.
La verdad es que desde aquí se ve todo, lo que empiezo a dudar es por cuánto
tiempo se verá.
Si es que es demasiado tarde…
lunes, 6 de enero de 2014
Me llamaban paria.
La verdad es que ni el mismo se había planteado como se
encontraba en esa situación, aunque era muy normal que se viera en ella casi a
diario. Tampoco dedicaba mucho tiempo a pensar en eso, era lo que conocía desde
siempre, esa era la vida que le había tocado vivir. Desde muy niño aprendió que
no tenía nada, que no lo recibiría en un futuro y que lo único que importaba
era no perder. Conocía cada detalle de las calles, cada esquina oscura, cada
barrio y cada farola que aún alumbraba. Era un superviviente de esos que la
sociedad crea y luego renuncia de su existencia. De esos que cuando los
ciudadanos de bien se cruzan por la calle miran por encima del hombre y con
algo de desprecio, ilusos, ninguno sería capaz de hacer lo que él hace para
vivir. La reinserción sonaba en su
cabeza como una lejana utopía, de esas que quedan tan bien en los libros pero
que en la práctica es la tarea más irrealizable del mundo.
Todo eso pensaba cuando se veía reflejado en el cristal del
coche a la espera de otro negocio. Podía morir minutos después, era una
posibilidad muy probable, podía salir bien o simplemente podría no pasar nada.
Lo único que tenía claro es que no perdería.
domingo, 5 de enero de 2014
5/1
Recuerdan la sensación de sentirse en mitad de todo. De ser
ese centro, que quizás sea lo más alto o lo más bajo, quien sabe. Como estar
rodeado de pequeños y finos hilos de seda que al moverse interconectan con
otros que a su vez transmiten la vibración.
Seguro que todos la hemos sentido. Imagino que alguno más
que otros, en espacio y en tiempo. Para otros será su forma de vida y
posiblemente algunos se vean en ese centro casi por su suerte o su desgracia.
El caso es que quien este en ese centro vive por y para los
hilos. Intentando no moverse mucho para que la vibración no sea demasiado
notoria. Que no traspase demasiado a través de ellos. Es como estar atado a un sinfín
de palabras que te rodean y hacen de cadenas para que acabes preso de todas y
cada una de ellas.
Siempre se puede desaparecer, ¿no?
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