La indignación tiene nombres y apellidos, motivos y porqués,
deudas y cuentas pendientes, sintonías y silencios, luchas y desesperaciones.
Ninguna guerra está perdida de antemano como ninguna causa es vacía si es
causa. Rezar no sirve, llorar consuela pero no soluciona nada y la articulación
mental es la mejor salida. Ahora me acuerdo del “yo lo intenté pero no salió” y me da risa frente al espejo. Siempre nos
condenan al verano, al sudor con tinta, a las noches entre hielo y humo. Perder
batallas duele pero ganar guerras no tiene precio. Nos vemos con el sol.
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