martes, 28 de enero de 2014

Que te vaya bonito.

Me dio igual que echaras a correr. Realmente era lo único razonable que podías hacer ante esa situación. En algún momento se nos fue de las manos y no nos dimos cuenta. Predicábamos un sentimiento que ni nosotros mismos sentíamos, ahora lo veo hipócrita.
Mientras disfrutábamos de las sabanas mojadas por nuestro sudor y las risas que resonaban en la habitación. Parecía algo tan efímero que tenía la sensación de que si no disfrutaba ese momento nunca se repetiría, en cierto modo lo era, y no me equivocaba.
Desapareciste corriendo como si el mañana se acabara hoy y no hubiera vuelta atrás. Aún sigo esperando una palabra de tu boca (en mi cabeza te escucho a diario) pero sé que jamás llegara. No me creí ese intento 
de despedida pseudo romántica, no te pega, aunque la utilice para aprender lo que no quiero ser.

No quiero ser tu hipocresía, no quiero tu lastima, no quiero tu compromiso.


Que te vaya bonito.

lunes, 27 de enero de 2014

Gritos de silencio.

-          ¿Piensas en mí? –dijo el nervioso mientras no encontraba la manera de encender el cigarro.
-          Rara vez, la verdad que me di cuenta de que no pudo ser, se acabó y a otra cosa.  Es que, ¿tú lo haces?
-          Si –dijo mientras soltaba de golpe todo el humo.
-          Y, ¿Por qué lo haces? – pregunto ella con la duda casi resulta.
-          Supongo que porque en cierta manera te echo de menos, aunque no demasiado vayas a creerte. –intento quitarle hierro con esa sonrisa de bonachón que a veces le salía.



A partir de ahí, ya solo hubo silencio. El silencio de dos auténticos desconocidos. 

miércoles, 22 de enero de 2014

Otra rareza.

Que caprichoso era el destino que le regalaba una vida entera para que de pronto tuviera que arrepentirse de vivirla a su forma. Le preparo para él el camino más empinado y con obstáculos del mundo. Sufrió desde que tenía uso de razón, perdió a casi toda su familia cuando aún no había aprendido a pensar y le rompieron el corazón tantas veces que con 18 años no le quedaban ni los restos.
Aun con todo era feliz. Vivía sencillamente, sin lujos ni comodidades innecesarias. Lo que más le gustaba era leer y escuchan música clásica. No era un ilustrado ni mucho menos pero de escuchar la sintonía del despertador de su padre se aficiono desde pequeño a uno de los grandes placeres de este mundo que se pierde casi sin saberlo.
Cuanto le gustaba soñar, creerse caballero o investigador, abrir puertas que detrás podían contener a la muerte, saltar de un precipicio para caer justo sobre el aire. Por eso leía era el único método de soñar despierto.

Lo vieron por última vez subido en un carro cargado de libros dirección a la montaña. Algunos dijeron que se hizo un cabañal y ahora vive allí, dedicándose a la lectura. Seguro que así es más feliz que la mayoría de este decrepito mundo.

lunes, 20 de enero de 2014

Lo cotidiano.

No hay nada que eche más de menos que las cosas cotidianas que ya no tengo. La habitualidad de tener gestos y detalles que se pierden a veces por el tiempo, otras por cuestiones ajenas a ti y la mayoría por decisiones propias. La acción cotidiana de dar los buenos días en la cama mientras abrazas aquello que parece el cielo y a fuera nieva. Esa exaltación de felicidad que sin darte apenas cuenta o consciente de su perdida asumes sin mayor cuestionamiento.
Siempre acabas echando las cosas de menos aunque en principio asumas su perdida. La memoria humana en ese sentido siempre te traiciona ya que nunca podrás asumir una perdida. Los recuerdos y los momentos siempre se quedan grabados y al final acabas recordándolo en tu vida cotidiana.


Quien me diría a mí que acabaría echando de menos tender tu ropa interior. 

viernes, 17 de enero de 2014

Y esto es todo.

"Hay algo que nunca te dije que me temo que si no lo hago hoy no podré seguir levantándome cada mañana. Nunca mencione lo que me gustaba tu sonrisa por las mañanas, esa que abarcaba tu cara por entero. La alegría que desataba tu estar en mí y sobre todo nunca supe decirte bien lo que me importabas. Ahora con la lluvia recuerdo cuando corríamos bajo ella buscando un lugar donde tomar café y lo bien que te sentaba el sol cuando te miraba directamente. Tampoco te dije lo loco que creía que era todo, lo surrealista que parecía a veces y lo bonito de compartir un avión a tu lado.


Luego llego el alcohol y la droga y ya no fue lo mismo, también llego el paro y las dificultades y por desgracia me dijeron que este año será el último. Así que aunque mis mañanas están contadas tenía que decirte de alguna manera que lo fuiste todo." 

Cuando termino de escribir la carta se reflejó de golpe por el sol, miro su foto y supo que ella estaría sonriendo ahora mismo. 

lunes, 13 de enero de 2014

Lo curioso.

Pensaba que estaba de suerte cuando se tocaba en los bolsillos y no había desaparecido nada. Le tenía tanto aprecio como miedo a la soledad pero predicaba en los bares el mayor romanticismo de la época. Subía y bajaba como una montaña rusa su estado de ánimo y su el resto de su vida era un caos en el cual él se desenvolvía como buenamente podía.
Sin embargo era un más, entre tantos otros para ella. Otro que llego beso y se fue sin más. Ella nunca se paró a pensar que fuera diferente, de hecho no lo era, y por eso no tenía la más mínima idea de porque su olor se le quedo guardado. Lo olía en sus sabanas, en la ropa de ese día y hasta en la cerveza que se acercaba a su boca.
Cuando se volvía algo obsesiva cogía el teléfono marcaba su número y acariciaba el borde de la maldita pantalla donde ponía “llamar”. Luego lo tiraba con ira a la cama y pensaba –que coño, que llame el- y con el paso de los minutos se le pasaba.

Una verdadera pena que cuando por descuido toco “llamar” y se atrevió a esperar la respuesta el número no existiera, él tuvo la mala suerte de perder el móvil. 

Lo primero de Enero.

Esa sensación que falta todo,
Y que de lo que ahí,
No sobra nada,
No renunciaría,
Lo daría todo,
Hasta el último detalle del invierno,
La penúltima sonrisa del bus,

Y el antepenúltimo beso de estación.