Ahora que hemos aprendido a sentarnos
en los precipicios y a debatir sobre la nada, no encontramos
conversación que nos saque del bucle, no tenemos nexo que nos una a
la vida, ni que tampoco no separe. Quedamos colgados en mitad de
ningún sitio, nos perdimos donde la gente se encuentra y tenemos
miedo a caernos en las esquinas.
Ahora no nos sobran las excusas porque
están vacías y rodeadas de silencio. Ya no nos persigue la policía,
no nos roban los ladrones, tampoco aparecen las venganzas para
desayunar y los reproches se secaron en el jarrón. El dolor nos dio
otra oportunidad y pusimos el mute a los pasos de cebra.
Ahora que hemos apagado la luz es
cuando más vemos, cuando todo brilla a nuestro alrededor.
Lo curioso del ahora, es que ya paso.
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