martes, 12 de mayo de 2015

Presión en cabina.

Yo me imagino cruzar el paso de cebra y caerme en lo gris, saltar de blanco en blanco por supervivencia. Me siento observado por los colores de los semáforos, por las señales de tráfico y los intermitentes. Corro entre el carbono buscando una salida coherente a las rotondas, intentando encontrar la intersección que llegue a la meta. Me mareo y vomito, se me acerca el barrendero a decirme que por qué cojones estoy dándole trabajo, que me busque un puto servicio y deje de dar por saco. Intento encontrarme bien y me voy al bar. Pido una, dos, tres, cuatro copas y a la quinta pido sos, lanzo la bengala pero no tengo respuesta. Juego a llegar a casa, a no hundirme en el océano de calles intercaladas, avenidas, paseos y callejones sin salida. Se para un coche y me pide fuego, se lo cambio por un cigarro y continuo mi peregrinación a tierra santa, a mi santa cama. Hago de ladrón delante de la puerta hasta que recuerdo que tengo la combinación, la llave en el pantalón y la vergüenza al final de las escaleras. Me frustro, voy a encender el cigarro pero no tengo fuego, me ofusco, recuerdo que dentro tengo fuego. Cierro los ojos y todo se queda quieto, bingo.

Sale el perro al instante, ladra y todo se mueve. Minuto cero, la luz se esconde y el interruptor se hace diminuto en la pared. Me siento un ciego leyendo en braille, palpando como las paredes sudan y el puto perro no se calla. El vecino pega por el tabique blasfemando una calma inexistente como si el fuese el único que madruga del bloque. Se hace la luz, el perro se ha meado de la felicidad y me entran ganas de volver a potar. No llego al servicio, me pierdo en un laberinto que una vez conocí, el vecino abre la puerta y yo no llego a cerrarla. Minuto cinco, estado lamentable, doy pena y risa en similares proporciones. Ojos que se clavan en los míos, se escuchan mil puertas abrirse, mil carcajadas. Qué es lunes cohones dice el sevillano del cuarto, Calla al puto perro salta la vieja amargada del primero, Qué alguien acueste al borracho de mierda ese por dios vocifera el del segundo y a mi se me ocurre pedirle fuego al vecino.

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