Yo me imagino cruzar el paso de cebra y
caerme en lo gris, saltar de blanco en blanco por supervivencia. Me
siento observado por los colores de los semáforos, por las señales
de tráfico y los intermitentes. Corro entre el carbono buscando una
salida coherente a las rotondas, intentando encontrar la intersección
que llegue a la meta. Me mareo y vomito, se me acerca el barrendero a
decirme que por qué cojones estoy dándole trabajo, que me busque un
puto servicio y deje de dar por saco. Intento encontrarme bien y me
voy al bar. Pido una, dos, tres, cuatro copas y a la quinta pido sos,
lanzo la bengala pero no tengo respuesta. Juego a llegar a casa, a no
hundirme en el océano de calles intercaladas, avenidas, paseos y
callejones sin salida. Se para un coche y me pide fuego, se lo cambio
por un cigarro y continuo mi peregrinación a tierra santa, a mi
santa cama. Hago de ladrón delante de la puerta hasta que recuerdo
que tengo la combinación, la llave en el pantalón y la vergüenza
al final de las escaleras. Me frustro, voy a encender el cigarro pero
no tengo fuego, me ofusco, recuerdo que dentro tengo fuego. Cierro
los ojos y todo se queda quieto, bingo.
Sale el perro al instante, ladra y todo
se mueve. Minuto cero, la luz se esconde y el interruptor se hace
diminuto en la pared. Me siento un ciego leyendo en braille, palpando
como las paredes sudan y el puto perro no se calla. El vecino pega
por el tabique blasfemando una calma inexistente como si el fuese el
único que madruga del bloque. Se hace la luz, el perro se ha meado
de la felicidad y me entran ganas de volver a potar. No llego al
servicio, me pierdo en un laberinto que una vez conocí, el vecino
abre la puerta y yo no llego a cerrarla. Minuto cinco, estado
lamentable, doy pena y risa en similares proporciones. Ojos que se
clavan en los míos, se escuchan mil puertas abrirse, mil carcajadas.
Qué es lunes cohones dice el sevillano del cuarto, Calla al puto
perro salta la vieja amargada del primero, Qué alguien acueste al
borracho de mierda ese por dios vocifera el del segundo y a mi se me
ocurre pedirle fuego al vecino.
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