Vuelve a sonar el teléfono, un tono,
dos tonos, tres tonos, deja de sonar. Sale humo de mi boca mientras
mi mano se queda a medio camino del auricular, a medio paso de
nosotros. Cierro el puño, me hormiguean los dedos cien mil
sensaciones que se mezclan y hacen fuegos artificiales. Suena el
teléfono, estalla la bombilla, me giro y un escalofrío recorre las
cenizas de mi cigarro. Pegan a la puerta, no para de sonar ese
maldito timbre. El vecino se arranca a cantar si tu te vas, se
escuchan risas en la calle, háztelo tu entre gritos, la puerta
parece que se cae y la última calada no tira. Vorágine mental,
desorden estructural. Abro los ojos y suena el teléfono.
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