martes, 28 de abril de 2015

Excusas de madrugada.

Vuelve a sonar el teléfono, un tono, dos tonos, tres tonos, deja de sonar. Sale humo de mi boca mientras mi mano se queda a medio camino del auricular, a medio paso de nosotros. Cierro el puño, me hormiguean los dedos cien mil sensaciones que se mezclan y hacen fuegos artificiales. Suena el teléfono, estalla la bombilla, me giro y un escalofrío recorre las cenizas de mi cigarro. Pegan a la puerta, no para de sonar ese maldito timbre. El vecino se arranca a cantar si tu te vas, se escuchan risas en la calle, háztelo tu entre gritos, la puerta parece que se cae y la última calada no tira. Vorágine mental, desorden estructural. Abro los ojos y suena el teléfono.

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