Ya yo nos quedan ningún plan b que utilizar, nada que
improvisar, ni regalos ni caricias, no nos quedan problemas por resolver. Nos
vamos quedando en las bocas que pedimos prestadas los fines de semana entre
hielo y sed. Reinventamos las preguntas, cambiamos las comas de lugar,
puntuamos diferente pero no llegan las respuestas. Los mítines se quedaron
vacíos de palabras con expresiones banales que no llegaran ni a rozarnos.
Exponemos una y otra vez una fidelidad que no existe y nos enfrentamos a medias
con las verdades que no queremos oír. Utilizamos el silencio como método
preventivo para evitar la enfermedad, para evitar el final. Nos comemos algunas
tardes y suena Ángel González diciéndonos que no tienen pulpa. Aparcamos las dudas, nos ponemos metas inalcanzables
y nos hacemos esclavos de desearnos.
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