Rebosaba de hipocresía la sonrisa de sus labios rojos. Se veía
a leguas que mentía descaradamente, que ni yo era diferente, ni ella única. Jugaba
con los dobles sentidos como un profesional y utilizaba la estrategia mejor que
cualquier aficionado. Era una partida de ajedrez, un movimiento en falso podría
ser el principio del fin, pensar no era deber sino obligación. La pajita
mordida entre sus labios era el signo de nerviosismo. Los nervios del que se ve
campeón y no encuentra el momento de celebrarlo. Yo utilice la mirada del
vencido y simule la tristeza del que pierde, solo por ver tu reacción. Luego te
bese y se te rompieron los esquemas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario